Aprovechamos para dejaros algunos comentarios, que no tienen desperdicio sobre el “mal” hábito que algunas mujeres cogieron a través de la historia: el de leer, con el cual se volvieron ciertamente peligrosas, tal como recoge Stefan Bollman en su obra “Las mujeres que leen son peligrosas” , en la que rinde un homenaje a las mujeres y confirma el poder que confiere la lectura.
“La falta total de movimiento corporal durante la lectura, unida a la diversidad tan violenta de ideas y de sensaciones”, según la afirmación hecha en 1791 por el pedagogo Karl G. Bauer, solo conduce a “la somnolencia, la obstrucción, la flatulencia y la oclusión de los intestinos con consecuencias bien conocidas sobre la salud sexual de ambos sexos, especialmente el femenino”.
“Las lectoras de Hopper no son peligrosas pero están en peligro, no tanto por su imaginación desbordante sino por la depresión. El mal del mundo moderno. Una incurable melancolía flota sobre la lectura y la lectora, como si el alegre caos engendrado por la fiebre lectora hubiera finalmente conducido a una apatía vertiginosa, la misma que expresan las mujeres lectoras de Hopper con esos impresos que hojean sin verdadero interés.”

